¿Estado vasco? Ni restituido ni nuevo

Tras la publicación del artículo “Ezker monarkia zalea eta Estatuaren apología (kateak berritzen)” y después su traducción en castellano “La izquierda monárquica y la apología del Estado (renovando las cadenas)” por parte de Asel Luzarraga, quería hacer mi humilde aportación al debate sobre el tema.

De entrada, tengo que decir que comparto completamente el fondo de la reflexión: negar la nostalgia por el viejo Reino (supuesto Estado vasco) utilizada como manera de justificar el derecho de Euskal Herria a conformar un Estado. Queda bastante claro que esto es inadmisible para aquellos que aspiramos a una independencia sin Estado, pero también por gente cercana a la Izquierda Abertzale más oficial (1), pese a lo hegemónico de esta corriente nabarrista en los últimos tiempos (también reflejada en el nacionalismo moderado, históricamente a través de Irujo y actualmente a través de Nafarroa Bai, Zabaltzen y Geroa Bai), especialmente al acercarse el aniversario de 1512.

En el sentido de por qué tenemos derecho a decidir nuestro propio futuro, creo que Esparza da en el clavo: porque nos da la gana, así de simple. A parte de eso tan obvio, constitumos un pueblo (llamémoslo pueblo, nación…) diferente (ni mejor ni peor) el cual surge de la convivencia en común, nexos económicos, sociales, lingüísticos, políticos e incluso avatares históricos. Pero el punto decisivo es que es un fenómeno eminentemente social que implica lo siguiente: que sus gentes se autoidentifiquen como pertenecientes a ese algo, en ocasiones tan sólo visto de forma negativa, frente a la imposición, negación, aculturación y represión de los Estados español y francés. De esta manera la nación no es algo estático, especialmente analizando la problemática nacional desde una óptica libertaria y comunitaria, desde la que la independencia es un radical ejercicio de autodeterminación y federalismo. Por todo ello, no tiene ningún sentido reivindicar la demarcación territorial de un Reino hace ocho siglos: fue un episodio de cierta relevancia en la historia de los pueblos vascos, pero no es ningún argumento de autoridad para tener derecho a restituir aquel supuesto Estado vasco.

Los avatares históricos

En cuanto a si realmente fue el Reino de Pamplona-Navarra el Estado vasco, estoy de acuerdo con las aportaciones hechas: la dudosa euskaldunidad de las altas instancias del Reino, la naturaleza de las distintas dinastías, etc. Sin embargo, creo que se pueden añadir más ingredientes. Como poco, la obviedad de que la expansiones y contracciones territoriales del Reino se produjeron en el contexto de la Reconquista, con la competición entre los distintos reinos cristianos, alianzas matrimoniales, tensiones, etc. (2) Por ello carece de sentido hablar de la supuesta intención de la monarquía navarra de unir a todos los territorios vascos bajo su yugo para vaya usted a saber qué.

En este punto es necesario hablar de la territorialidad de Navarra y su coincidencia con el tradicional zazpiak bat abertzale. Aquel momento histórico fue un momento muy concreto, totalmente arbitrario: unos pocos años del reinado de Sancho VII el Fuerte, Antso Azkarra (hasta 1200). El resto de los 1000 años que existió el Reino (algo más de 300 de ellos ya bajo el Rey de España) su territorio fue o mayor o menor de lo que convencionalmente se acepta como Euskal Herria. Obviando que para antes de 1200 zonas como las Encartaciones/Enkarterri ya eran Castilla, y que Lapurdi o Zuberoa tan sólo eran condados vasallos del rey navarro (con dudas en el caso labortano).

De Sancho el Fuerte y su emblema personal también es necesario hablar: el arrano beltza. Símbolo del Reino (presente hoy en día en la Diputación de Navarra, por ejemplo) que fue recuperado bastante recientemente para el nacionalismo vasco por Telesforo Monzón, como reivindicación de la agrupación de los territorios vascos bajo el Reino navarro. Ni que decir tiene mi opinión sobre la utilización de este símbolo, después de lo ya dicho, a parte de su naturaleza real.

Siguiendo con los temas de la conquista, creo que no hay que omitir información. Si bien es cierto que la nobleza del Duranguesado se decantó por pasar a estar bajo Castilla, en Gipuzkoa no fue del todo así. Hubo una división entre oñacinos (pro-Castilla) y gamboínos (pro-Navarra) que se materializó en las llamadas guerras banderizas. En el caso de Vitoria/Gasteiz, la ciudad aguantó un año el envite de las tropas castellanas, hasta que pidieron permiso al rey navarro para rendirse. Para desmitificar esta supuesta armonía de los vascos bajo el yugo navarro, conviene no olvidar tampoco las batallas de Beotibar (1321) entre guipuzcoanos y navarro-gascones; la de Belate (1512) y sus doce cañones arrebatados a los navarros presentes en el escudo de Gipuzkoa hasta hace bien poco; además de la obvia participación de vascongados y navarros beaumonteses en las filas castellanas en la conquista de Navarra.

En cuanto a Iruñea o Iruña, por lo que me toca, no se puede olvidar la realidad de los tres burgos diferenciados, separados por murallas. La Iruña vascona primigenia sobre la que se hizo el asentamiento romano se encontraba en la zona más alta, lo que más tarde fue el burgo de la Navarrería, poblado por vascones (y más tarde también por judíos), y con su propio fuero. Los otros dos, mayoritariamente francos (así como Estella/Lizarra, enclave comercial en el Camino de Santiago), eran San Nicolás y San Cernin, también con sus fueros. Su relación fue inestable, con periodos de guerra incluidos, hasta la unión que ordenó el rey Carlos III en 1423.

Por último, brevemente, si bien la creación de un reino supuso una evidente pérdida de libertad para los pueblos vascos (sin caer en idealizar la arcadia premoderna democrática), “antes fueron leyes que reyes”, y siempre hubo un conflicto con el poder real, limitándolo a través del juramento de los fueros y la vigencia del derecho consuetudinario, como por ejemplo con las Juntas de Infanzones de Obanos.

La legitimidad que ofrece un Estado

Para el nacionalismo vasco estatista, ya sea este jeltzale o socialista, el objetivo es la creación de un Estado vasco independiente. Una vez en este punto, resulta demasiado fácil recurrir a la existencia anterior de un Estado vasco como forma de legitimación y de defensa frente al nacionalismo español, que bombardea mediáticamente con la idea de que Euskal Herria es una entelequia, que no existe, etc.

De esta manera se olvida la mítica cita del rebelde Mark Legasse al respecto:

Alabado sea el pueblo que, por amor a una lengua sin diplomas y a un país sin diplomáticos, no tiene cabida ni en la Historia ni en la Geografía, ni tan siquiera un banquillo en el concierto de las naciones. Tan invencible como el viento del desierto, pasa por las dunas de los siglos, elegante y discreto, sin dejar más huella que el albatros sobre las olas del mar.” Mark Legasse

A mi parecer, esto lo apunta muy acertadamente Juantxo Estebaranz (3) afirmando que se busca justificar la soberanía debido al “reconocimiento por las cortes europeas” del momento, denunciando la “usurpación” castellana, residiendo la soberanía en la monarquía navarra. Y es que el reconocimiento internacional da caché, que se lo digan si no en Aiete…

“La huída hacia delante de un nacionalismo revolucionario vasco que pretendía mediante esta fuga desasirse de la crítica académica y política que hacía palanca en la invención de la tradición vasca, hace que nos encontremos a través de la elección y reivindicación de Sancho el Grande, ante una corriente política que pretendiendo armarse de verdad histórica reincide en los mismos mecanismos arbitrarios, vícitma de su renovado afán por encontrar un determinado episodio histórico que pueda acoplarse a su cuerpo reivindicativo.”Juantxo Estebaranz

En este momento volvemos al principio. ¿Por qué debemos ser libres? Por nuestra libre decisión, valga la redundancia. El derecho a la independencia no emana de la existencia de un Estado anterior, ni mucho menos de la soberanía que exige que sea respetada el misterioso y pintoresco Blas de Beaumont (4).

Queremos la independencia y queremos que sea total, en todos los ámbitos de nuestras vidas. Y para eso no necesitamos remontarnos a ningún viejo reino ni ondear ningún viejo estandarte real. Con quererla nos basta. Y en eso estamos.

Como dicen los irlandeses, más que curtidos en su lucha por la independencia: TIOCFAIDH ÁR LÁ

OUR DAY WILL COME

GURE EGUNA HELDUKO DA

NUESTRO DÍA LLEGARÁ

(1) El citado J.M. Esparza, en Diario de Noticias de Navarra, respondiendo a las críticas hechas a su libro “Mapas para una Nación” desde sectores nabarraosoistas. http://www.noticiasdenavarra.com/2012/01/04/opinion/tribuna-abierta/la-raya-de-nuestro-pais

(2) Video: http://www.youtube.com/watch?v=o_9ue-U0raI&feature=youtu.be
Mapa: http://nabarlur.blogspot.com/p/la-conquista.html

(3) Juantxo Estebaranz “Nabarra y el igualitarismo del tercer milenio” (Ekintza Zuzena, nº 37) http://www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=514

(4) http://casarealdenavarra.blogspot.com/

un miembro de Nafar Libertarioak


Utzi erantzun bat

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